Cuándo es delito y cuándo es una simple deuda, cómo denunciarlo con pruebas, y lo que NO puedes hacer aunque te hierva la sangre. Sin dramatizar y sin líos legales.
Actualizado a julio de 2026El «simpa» es irse sin pagar la cuenta. Duele, y encima suele pillarte en pleno servicio. Pero antes de saltar, conviene tener claras dos cosas: qué es de verdad legalmente (casi nunca es lo que la gente cree) y qué puedes hacer sin meterte tú en un lío. Vamos por orden.
Que un cliente se marche sin pagar no es automáticamente un delito. Para que sea estafa (artículo 248 del Código Penal) tiene que haber lo que la ley llama «engaño antecedente»: que la persona entrara ya con la intención de no pagar, con ánimo de lucro y un engaño bastante. Es decir, que se sentara sabiendo que se iba a ir de gorra.
Si el cliente se sentó de buena fe y luego no paga —se le olvidó, no le llega el dinero de la tarjeta, discute la cuenta y se larga cabreado—, eso no es un delito penal, es un incumplimiento: una deuda que se reclama por la vía civil. La frontera está en la intención previa, y en un consumo pequeño esa intención es difícil de probar. Por eso no conviene llamar «delito» a la ligera a cualquier marcha sin pagar.
Paso a paso, mientras aún está delante:
Lo importante: identificar y documentar vale mucho más que perseguir. Si no puedes retenerle legalmente (y no puedes, ver más abajo), tu mejor baza es tener claro quién era y qué consumió.
Sobre las consecuencias, sin promesas de cárcel ni cifras inventadas: cuando sí hay estafa y el importe defraudado es inferior a 400€, lo habitual es que se encuadre como delito leve de estafa —normalmente multa, no prisión en el caso ordinario—. La reincidencia acreditada (varias condenas firmes por estafa) puede agravar la calificación, y las penas de prisión mayores se reservan a los supuestos e importes más graves que recoge el artículo 250 del Código Penal (la estafa agravada por cuantía o circunstancias). En todo caso, la pena la decide el juez según el importe, la intención y los antecedentes: nadie te puede prometer un resultado.
Y recuerda el matiz del punto 1: si no hubo engaño previo, lo que tienes en la mano no es tanto una denuncia penal como una reclamación civil de la deuda. Por eso lo realista es prevenir y documentar, no confiar en recuperar el dinero por la vía penal en un ticket pequeño.
Aquí es donde muchos bares se meten en un problema mayor que el simpa. Esto está descartado:
Contra el simpa, lo que funciona no es perseguir: es dejar rastro. Cuanto mejor tengas registrada la mesa, el consumo y el contacto, más fácil es identificar y denunciar, y menos discusiones tienes en el momento.
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Seamos honestas: ninguna herramienta te garantiza recuperar el dinero de un simpa. Quien te lo prometa, te está vendiendo humo. Lo que sí puede hacer Campa&Go es ayudarte con la parte que de verdad depende de ti: documentar la mesa, el consumo y el contacto, que es justo lo que necesitas para identificar y, si hace falta, denunciar con pruebas.
El TPV te deja el consumo registrado ticket a ticket; Reservas te guarda los datos de quien reservó y te permite pedir una señal en grupos. No es magia: es dejar rastro, que en un impago es media batalla.
No podemos prometerte que recuperes un simpa, pero sí que tengas apuntado qué se pidió en cada mesa y quién reservó. El TPV de Campa&Go cobra, sella cada ticket y te deja la prueba del consumo, en el móvil que ya tienes.
Ver el TPV para bar →