Red de invitados en 4 pasos, cartel con QR para la contraseña y un plan B honesto con los datos del móvil para cuando se cae la línea.
El cliente da por hecho que hay wifi: el turista de fuera de la UE que va sin datos, la mesa que quiere enseñar fotos, el que se sienta un rato con el portátil. Y cuando no la hay —o la hay pero "no va"— lo preguntan, lo comentan y a veces lo escriben en la reseña. Dar wifi no te llena el bar, pero no darla te resta en algo que a ti no te cuesta casi nada.
La buena noticia: no necesitas contratar nada especial. Para un bar pequeño, la fibra básica de cualquier operador sobra de largo para que los clientes chateen, miren el correo y suban fotos. Lo que marca la diferencia no es pagar una tarifa "para empresas" más cara: es configurar bien el router que ya tienes. Ahí es donde va el siguiente apartado, que es el importante.
El error más común en hostelería pequeña es tener una sola red wifi para todo: clientes, TPV, datáfono, cámaras y el móvil del dueño, todos con la misma contraseña. El problema no es que alguien venga a atacarte a propósito: basta con que un cliente entre con un móvil infectado y ese bicho ya está en la misma red que tu caja, viendo a tu TPV y a tus cámaras como vecinos de puerta.
La solución te la regala tu propio router: la red de invitados. Es una segunda wifi, con su propio nombre y contraseña, que da internet a quien se conecta pero no le deja ver los aparatos de tu red principal. Casi todos los routers de operador la traen de serie. Activarla, en genérico, son 4 pasos:
Y en la red principal se quedan solo el TPV, el datáfono si va por wifi, las cámaras y los móviles del equipo. Esa contraseña no se la des a nadie más: ni al cliente habitual, ni al comercial simpático, ni al vecino. Si tu router no tiene la opción, pídele a tu operador uno que la tenga o un router neutro básico: es una mejora barata para lo que protege.
Si quieres ir un paso más allá (contraseñas, phishing en reservas, copias de seguridad), tienes la guía completa de ciberseguridad para hostelería.
Que nadie tenga que perseguir al camarero en plena hora punta para pedir la clave. Ponla visible y cómoda: un cartel en la barra o en la carta, o mejor un QR de conexión —los generadores de QR de wifi son gratuitos y el cliente se conecta escaneando, sin teclear nada.
Eso sí, cámbiala cada uno o dos meses. Es un minuto en el router y otro reimprimiendo el cartel, y con ello echas de tu red al vecino que se cuelga del wifi y a cualquiera que apuntó la clave hace un año. Y una obviedad que se ve más de lo que parece: el cartel siempre lleva la clave de la red de invitados, jamás la de la principal. Si vas a imprimir, aprovecha y repasa los carteles obligatorios y útiles para tu local.
Un sábado a mediodía se cae la fibra. Si tu TPV funciona en la nube, no hay drama: comparte internet desde tu móvil (el "punto de acceso" o hotspot que viene en Ajustes) y conecta a él el TPV y, si lo admite, el datáfono.
¿Y los datos, aguantan? Sí, porque un TPV consume poquísimo: enviar una comanda o registrar un cobro mueve texto, no vídeo — unos pocos kilobytes cada vez. Un servicio entero gasta menos datos que un rato corto de vídeo en el móvil, así que una tarifa normal aguanta el turno sin despeinarse.
Lo que NO es el plan B: dar el hotspot a los clientes. Si una mesa se pone a ver vídeos con tus datos, ahí sí se te va la tarifa, y encima compite con tu cobro. El móvil es para la caja y el datáfono; la wifi de clientes vuelve cuando vuelva la fibra. Un consejo de veterano: guarda el nombre y la clave del hotspot en el TPV un día tranquilo, para no ponerte a configurar con la cola en la barra. Y si estás eligiendo o revisando tu TPV, mira antes qué debe cumplir un TPV seguro.
El TPV de Campa&Go va en el navegador del móvil, la tablet o el ordenador que ya tienes: con tu fibra, con la wifi del local o con los datos del móvil si un día se cae la línea. 14,90 €/mes, sin permanencia y sin comprar máquina. Pruébalo gratis, sin tarjeta.
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