No hay número mágico ni ley que lo fije. Pero sí hay una lógica de negocio: cada plato de más es un escandallo más, más stock parado y más merma. Aquí van las cuentas.
Es de las preguntas que más se hacen al montar o reformar un local, y casi todas las respuestas que circulan esquivan lo importante: nadie te va a multar por tener 60 platos. Te vas a arruinar tú solo, despacio, en la cámara y en el cubo de la basura.
No hay número mágico. Ninguna norma fija un mínimo ni un máximo, y quien te venda una cifra exacta te está vendiendo humo. Lo que sí hay es una constante que se repite en los locales que funcionan: la carta corta gana. Menos mermas, menos referencias en la cámara, cocina más rápida en hora punta y cada plato mejor ejecutado, porque el equipo lo hace cientos de veces en vez de docenas.
Dicho eso, unas horquillas orientativas, como práctica habitual del sector (no como ley):
La regla que sí te sirve: tu carta debe tener los platos que tu cocina puede sacar perfectos un sábado a tope, con el género rotando entre semana. Ni uno más. Si un plato solo existe "por si lo piden", ya sabes cuál sobra.
Si bajas al detalle, el reparto que se ve una y otra vez en cartas que funcionan es del estilo de 5-7 entrantes, 6-8 principales y 4-5 postres. Otra vez: práctica del sector, no regla. Lo que convierte ese reparto en rentable no es la cifra, son tres condiciones:
Y la prueba definitiva no está en la carta, está en la cámara: cuenta cuántas referencias tiras o rebajas cada semana. Si tiras género con regularidad, tu carta es más larga de lo que tu volumen aguanta. Así de simple.
📊 Ponle números a cada plato Con la calculadora de escandallos sabes el coste real de cada plato —con su merma y sus sub-recetas— y el margen que te deja. Puedes probarla al llegar, sin registro. Ver la calculadora de escandallos →Hay una idea, conocida como la paradoja de la elección, que en un restaurante se ve a simple vista sin necesidad de ningún estudio: cuantas más opciones le das a alguien, más le cuesta decidir, y peor se queda con lo que eligió, porque sigue pensando en lo que dejó.
En tu comedor eso se traduce en cosas muy concretas:
Dónde colocar cada plato, cómo describirlo y cómo poner los precios para que la carta corta venda aún más es otra guerra: la tienes en la guía de cómo hacer la carta de un bar.
Este es el punto que casi nadie hace en números. Un plato que está en la carta y no se vende no es neutro: cuesta dinero cada semana:
Por eso la pregunta buena no es "¿cuántos platos pongo?" sino "¿cuánto me cuesta cada plato que tengo?". Con el escandallo de cada uno delante, la carta se recorta prácticamente sola.
Recortar la carta da miedo: "¿y si era el plato favorito de alguien?". Se quita el miedo haciéndolo con datos y por tandas:
¿Y los clientes? La experiencia del sector es tozuda: nadie echa de menos el plato número 40. Lo que sí se nota —y se comenta— es cuando la cocina va lenta o el plato llega mediocre. La carta corta ataca justo eso.
Antes de decidir qué se queda y qué se va, calcula lo que te cuesta y te deja cada plato: merma, sub-recetas, food cost y margen real. La calculadora de escandallos se puede probar al llegar, sin registro.
Calcular mis escandallos →