Qué es un comandero, en qué aparatos funciona —Android, iPhone, tablet u ordenador— y por qué no tienes que comprar ni un terminal.
"Comandero" es como lo llama todo el que ha trabajado una sala: el cacharro con el que apuntas la comanda y la mandas a cocina sin cruzar el local. Esta página va de hacerlo con el móvil: qué aparatos valen, cuántos toques hay hasta cocina y lo que nadie cuenta hasta que se sufre un sábado.
Un comandero es la herramienta con la que el camarero toma la comanda en la mesa —por mesa y por ronda— y la manda a la cocina o a la barra al momento. Nadie memoriza y nadie traduce su propia letra en la barra: la cocina empieza a trabajar mientras el camarero sigue en la sala.
Lo que ha cambiado es el soporte. Ya no hay que comprar terminales: una app comandero hace lo mismo en el navegador del móvil, sin instalar nada. En Campa&Go es la app de camarero del TPV: cada uno entra desde su móvil en campago.es/camarero con el código de tu local y su PIN, y así queda registrado quién cobra o anula cada cosa.
Dos palabras del oficio: la comanda es lo que ha pedido una mesa y la ronda es cada tanda que se manda. El comandero trabaja por rondas: envía la nueva, no la mesa entera.
El TPV de Campa&Go —y con él el comandero— se abre en el navegador: vale casi cualquier cosa con pantalla y un navegador actualizado. Y eso implica algo que conviene decir ya: no está en ninguna tienda de aplicaciones.
El camarero abre Chrome, entra en la dirección de camarero con el código del local y su PIN, y ya está tomando comandas. Sirve un Android normal, incluso de hace años, mientras su navegador siga actualizándose. Puede dejar un acceso directo en la pantalla de inicio: se ve a pantalla completa y parece una app, pero por debajo sigue siendo la web. Nada que descargar.
Igual, con Safari: mismo enlace, mismo código, mismo PIN y el mismo acceso directo desde el botón de compartir. Da igual quién lleve Android y quién iPhone: todos ven la misma sala.
Brilla quieta: la barra fija —se ve el plano de mesas entero— y la pantalla de cocina, que es su sitio natural; para andar entre mesas suele ganar el móvil, que deja una mano libre para la bandeja. Cuál comprar —tamaño, batería, fundas y golpes— lo tienes entero en comandero móvil o tablet: qué aparato usar en el bar.
El mismo TPV en el navegador del portátil o del sobremesa que ya tienes: suele ser donde se hace el cierre de caja y donde se conecta la impresora térmica de tickets.
Las costuras del navegador están en qué puede hacer un TPV sin instalar nada y qué no.
No vendemos hardware, así que no te daremos cifras de aparatos que no vendemos. Pero la cuenta la sabes hacer: un terminal dedicado son el aparato, su licencia, su funda, su base de carga y su reposición cuando se caiga —que se cae—, más el día que el fabricante deja de darle repuestos. El móvil de cada camarero ya está comprado y lo cuida más que a un aparato de la empresa, porque es suyo. En Campa&Go no cobramos por dispositivo.
En una sala pequeña, esto es lo que se usa cada día:
Un comandero se juzga en segundos. Con la carta ya montada, la cuenta es esta:
Cuatro toques para una mesa con un producto; cada producto de más suma uno. La segunda ronda suele ser dos toques: "repetir ronda" trae la última entera.
La comanda de una mesa en el móvil del camarero.
En una mesa de seis nunca se pide todo a la vez. Aquí se trabaja por rondas:
Al pulsar el botón 🍳 se abre la ventana de impresión y, con ella, la ronda entra en la pantalla de cocina. Las dos vías van juntas, y conviene saberlo: si el navegador bloquea la ventana emergente, la ronda NO se manda —el comandero te avisa de ello— y hay que permitir las ventanas emergentes y volver a darle a 🍳. A cocina viaja solo lo nuevo de esa ronda; si ya lo habías mandado todo, te pregunta antes y el papel sale marcado como reimpresión, no cocinar de nuevo.
En la pantalla de cocina: una tablet con una tarjeta por mesa. Cada tarjeta trae la mesa, la hora a la que entró, un cronómetro corriendo, los platos con sus notas y, si la hay, la franja roja de alergias. Se marca plato a plato o la mesa entera de un toque. Sin gritos ni papelitos que se despegan.
En papel: esa misma ronda, impresa en la impresora térmica y configurable: tamaño de letra, camarero, mesa, notas y qué categorías se quedan en barra. Si tu cocina va solo con la tablet, el papel te sobra; el diálogo de impresión sale igual.
La carta digital con QR, por cierto, es otra cosa: el cliente consulta la carta, pero el pedido lo sigue tomando el camarero. No hacemos autopedido por QR.
Pasa cada noche: tú coges la comanda de la ocho y a tu compañera le piden otra ronda de vino en esa mesa. En un comandero mal resuelto, uno pisa al otro y esa ronda desaparece hasta que llega la cuenta.
Aquí no. La mesa vive en el servidor, no en el móvil de cada uno: los dos miráis lo mismo. Y las líneas se añaden, no se sobrescriben: la ronda de vino de tu compañera entra detrás de la tuya, nunca encima. Cada pantalla, además, se refresca sola cada pocos segundos, así que en nada los dos veis la comanda entera. Por eso ninguna ronda se pierde.
Y al cobrar hay una red más: si alguien ha tocado la mesa desde otro dispositivo mientras tú cobrabas, el móvil te avisa de que el ticket ha salido por otro importe y te dice que cobres lo que dice el ticket. Feo, pero mejor que un descuadre.
Aun así, repartir las mesas por camarero sigue siendo la mejor manera de que nadie duplique una ronda.
Cada persona entra con el código del local y su PIN. Sin correos y sin contraseñas de doce caracteres que acaban en un pósit junto a la caja.
Si estás tú solo en la barra, casi todo esto sobra: lo que necesita el TPV de una barra de una sola persona.
El comandero necesita internet siempre: no hay modo sin conexión. Si te quedas sin línea, el móvil te avisa y toca papel y boli hasta que vuelva. El plan B completo, con lo que se pierde y lo que no, está en qué puede hacer un TPV sin instalar nada y qué no.
Lo que es propio de una sala con terraza es lo otro: que no se caiga.
Y si tu terraza sigue en el papeleo: licencia de terraza y cuántas mesas.
La comanda acaba en cobro, y el comandero no te suelta a mitad de camino. Desde el mismo móvil se cobra la mesa registrando el método: efectivo, tarjeta, Bizum, invitación o "decidir luego". Esto va de apuntar bien, no de procesar pagos: quien cobra la tarjeta sigue siendo tu datáfono.
Te contamos qué datáfono necesita un bar y cómo cobrar con Bizum. Cobrar en la mesa es además tu defensa contra el que se levanta sin pagar.
Si es un aparato dedicado: el aparato, su licencia y su reposición. Si es una app en el móvil de cada camarero: lo que cueste el TPV, y ya está. En Campa&Go el comandero no se paga aparte, ni por camarero ni por dispositivo: va incluido en el TPV, a 14,90 €/mes con IVA incluido, con comandas a cocina, mesas y salas, cobro con división de cuenta, cierre de caja y arqueo. Sin permanencia y con 7 días de prueba gratis sin tarjeta.
Y si usas la Suite, el programa de gestión de tu bar —25 herramientas por 9,90 €/mes: escandallos, despensa, gastos—, las ventas del TPV entran solas: lo que el comandero cobra por la tarde lo ves en números por la noche. Y para cerrar el día, cómo hacer el arqueo de caja del bar.
La lista completa está en montar el TPV de tu bar en una tarde; si ya tienes otro programa, cómo cambiar de TPV sin parar el servicio, y si prefieres verlo antes, Campa&Go en 2 minutos.
Cada camarero entra desde su móvil —Android o iPhone, en el navegador— con el código de tu local y su PIN. Comandas por mesa y por ronda, la comanda vuela a cocina y la caja queda cuadrada. Sin comprar aparatos y sin instalar nada.
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