Las ocho preguntas incómodas, la respuesta que debería darte un proveedor honesto y la señal de alarma si te la esquiva.
El problema de un contrato de TPV no es lo que pone. Es lo que no pone. La cuota se ve grande en la primera página; el alta, el terminal extra o la máquina que hay que devolver aparecen meses después, cuando ya estás dentro y cambiar da pereza.
Estas ocho preguntas se hacen en cinco minutos y te ahorran años atada. Sirven con cualquier proveedor: cópialas y pásaselas tal cual a quien te esté ofreciendo un TPV. Las nuestras no hace falta que las preguntes: las tienes contestadas aquí abajo, las ocho.
Significa una cosa muy concreta: que el mes que viene puedes irte, sin pagar nada por irte, y con tus datos en la mano. Las tres partes cuentan. Si te dejan salir pero el histórico de ventas se queda dentro, no te has ido: has perdido tus números. Y si el programa es mensual pero la máquina la estás pagando a plazos, la permanencia sigue ahí con otro nombre.
Es la mejor garantía que hay: obliga al proveedor a ganarte cada mes. Si necesita un contrato para retenerte, algo dice del producto.
No preguntes solo «¿hay permanencia?». Pregunta cuántos meses, cuánto cuesta salir antes y cómo se calcula esa penalización. Y la que siempre se olvida: qué pasa al terminar el primer año, porque hay contratos que se renuevan solos por otro año si no avisas a tiempo.
Si ya estás dentro de un contrato con permanencia, echa cuentas antes de mover nada: en la guía de cómo cambiar de TPV sin parar el servicio ni perder tus datos tienes el orden exacto de los pasos.
Es el coste que más se esconde, porque no está en la cuota que anuncian. A veces se llama alta, a veces instalación, a veces «configuración inicial de la carta». Pregunta directamente: ¿cuánto pago el primer mes, en total, con todo dentro?
Un alta cara no es un robo: montar la carta y formar al equipo es trabajo, y el trabajo vale dinero. Lo que no vale es enterarte después. Para la cuenta del arranque, mira cuánto cuesta abrir un bar y qué gastos se olvidan siempre.
Aquí es donde una cuota pequeña se vuelve grande. Si cobran por terminal, la tablet de la terraza es otra cuota. Si cobran por usuario, cada camarero sube la factura, y en verano, con los refuerzos, sube sin que nadie te avise. Pregunta con tu caso delante: «barra, una tablet en la terraza y cuatro camareros con su acceso: ¿cuánto pago al mes?».
Cuidado con contarlo mal: la pantalla de cocina también es un dispositivo. Si vas a usarla, métela en la cuenta desde el principio, igual que el comandero para tomar nota en la mesa, que en algunos sistemas se paga aparte.
Una máquina cedida es una permanencia disfrazada: mientras la tengas, estás dentro. Y el día que te vas hay que devolverla, en su caja y funcionando, con un cargo si falta algo. Pregunta tres cosas: ¿es mía o cedida?, ¿qué pasa si se rompe?, y quién paga la devolución.
Un TPV que va en el navegador se salta este lío entero: usas la tablet, el móvil o el ordenador que ya hay en el bar. Lo que sí va aparte, con cualquier sistema, es el datáfono: aquí tienes qué datáfono necesita de verdad un bar y qué comisiones son normales.
Tus ventas, tus cierres y tu carta son tuyos, pero en la práctica lo son solo si puedes descargarlos tú, cuando quieras y sin pagar. Es la que más se salta la gente y la que más caro sale: sin histórico no puedes comparar el agosto de este año con el del anterior. Sé concreta: ¿exporto yo misma ventas, cierres y carta?, ¿en qué formato?, ¿cuánto guardáis mis datos tras la baja?
Haz la prueba los primeros días: exporta y abre el archivo. Si se entiende, tienes tus datos de verdad. Y guárdalos donde los encuentres: aquí va cómo hacer la copia de seguridad de tu negocio.
Casi ningún contrato dice «no subiremos nunca», y está bien: los costes suben. Lo que tienes derecho a saber es cómo sube y cuándo te enteras. Pregunta si la subida es libre o está atada a algún índice, con cuántos días de aviso llega, y si al subir puedes irte sin penalización.
Regla de barra: guarda el correo con el precio que te dieron. El día que llegue otra factura, ese correo vale más que cualquier discusión por teléfono. El mismo cuidado que pones en los contratos de tu equipo.
Esta se responde con una lista, no con un «todo incluido». Pide que te digan si entran: pantalla de cocina, comandero, informes, cierre de caja, exportación, actualizaciones, soporte y usuarios extra. Lo que no esté en la lista se factura aparte tarde o temprano.
Y ojo con la palabra «módulo». Si la gestión del día a día se vende en módulos sueltos, la cuota inicial nunca es la final: en cómo elegir un programa de gestión sin pagar de más tienes la lista de lo que un bar pequeño usa de verdad.
Un TPV no se cae un martes a las diez de la mañana. Se cae un sábado a las nueve y media con el comedor lleno. Pregunta sin rodeos: ¿hay soporte en fin de semana y en horario de servicio?, ¿por dónde se pide?, ¿y si el que se cae es mi internet, puedo seguir cobrando?
Nosotras te lo decimos por delante, aunque no ayude a vender: nuestro TPV necesita internet siempre. Si se cae el wifi sale una franja roja avisando de que no hay conexión, y el cobro no sale adelante hasta que vuelva: si lo intentas, te salta un aviso de que no hay conexión y el ticket no se hace. No es una aplicación que se instala y funciona sola. Por eso conviene tener plan B —compartir datos desde un móvil— y el wifi del local bien montado. Tampoco somos un centro de llamadas de 24 horas: somos pequeñas, y mejor decirlo antes de que lo descubras un sábado.
Aquí va la parte que un vendedor no te cuenta. Una cuota pequeña, a cinco años, puede salir más cara que comprar. La multiplicación es de servilleta: cuota × 12 × los años que pienses seguir. En nuestro caso, cobrar, sellar los tickets y cuadrar la caja son 14,90 € al mes: 178,80 € al año y 894 € en cinco años. Si a ti te ofrecen una máquina con su programa por menos de esa cifra, y de verdad no lleva mantenimiento anual ni pago por actualizaciones, comprar te sale mejor a la larga.
Haz la cuenta con números reales de los dos lados: cuota × años frente a compra + mantenimiento + actualizaciones. Y mete ese gasto fijo donde toca, como te explicamos en cómo saber si tu bar gana dinero de verdad.
Con las ocho respuestas delante, mira cuántas llevan un número y cuántas te han esquivado con una frase bonita. Quien es honesto contesta las ocho aunque alguna no le favorezca.
1 y 2. Sin permanencia y sin cuota de alta: pagas el mes y lo dejas cuando quieras. 3. Una sola cuota por local: no cobramos por terminal ni por camarero, cada uno entra con su PIN. 4. No hay máquina nuestra que devolver: va en el navegador del móvil, la tablet o el ordenador que ya tienes.
5. Tus datos te los descargas tú desde tu panel, en un archivo con todo dentro, cuando te dé la gana y sin pedir permiso. 6. No subimos el precio los primeros 12 meses y cualquier cambio se avisa por email con 30 días; si no te convence, te vas. 7. En la cuota entra el TPV entero —mesas, barra y para llevar, dividir la cuenta, partir un plato, comandas y pantalla de cocina, impresión térmica, tickets sellados con hash encadenado y numerados sin huecos, cierre de caja y arqueos—; aparte va el datáfono, que lo cobra tu banco. 8. Necesita internet siempre y no somos un centro de llamadas de 24 horas. Y lo de VeriFactu se está preparando: te lo decimos ahora, no después.
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