Qué necesita de verdad un software en una cocina sin sala: el coste real de cada plato, el stock que comparten tus cartas y las cuentas detrás de cada pedido.
Si buscas software para una cocina fantasma, acabas viendo programas de restaurante con sala. Mesas, camareros, reservas. Tú no tienes nada de eso: tienes un fogón, tres cartas de tres marcas y un margen que se decide en la báscula.
Si todavía no la has montado y lo que buscas es la inversión de arranque, esa cuenta está en otra página: cuánto cuesta montar una cocina fantasma, partida por partida (obrador o local, licencia, extracción, frío y el colchón de los dos primeros meses). Esta página es lo de después: el software.
Es el software con el que llevas los costes, el stock y las cuentas de una cocina que produce comida pero no atiende a nadie en sala. Lo verás como software para dark kitchen, programa de gestión de cocina fantasma o, si lo buscas como app, aplicación para dark kitchen. Es lo mismo.
La diferencia con el software de un bar está en dónde se pierde el dinero. En un bar se escapa en el descuadre de caja. En una dark kitchen se escapa antes: en el gramaje, en la merma, en la comisión del canal y en el IVA. Con cien pedidos al día, diez céntimos mal calculados por plato son 300 € al mes.
Consecuencia práctica: en una dark kitchen el control se hace antes del servicio.
Montaste la dark kitchen porque el alquiler de un local con sala te asfixiaba. Ahora tienes otros problemas:
Si tu coste por plato no está al céntimo, se come el margen. Y no lo notas hasta el trimestre.
Tres cartas, un fogón. Sin sistema detrás, no sabes cuál te da dinero y cuál te lo quita.
Temperaturas, limpiezas y alérgenos siguen siendo tuyos. Sin registros, la inspección es un mal rato.
Sin recetas escalables, cada persona nueva es empezar de cero.
Viernes a las 21:00 con la cola llena. Las fichas tienen que estar claras antes.
No hay menú del día ni terraza que suba el ticket. Todo depende del escandallo.
Lo que le sobra a una dark kitchen es justo lo que más se enseña en las demos.
Si un software para dark kitchen te cobra por la columna de la derecha, te cobra de más. Aquí las reservas y el TPV van aparte justo por eso: coges solo lo que usas, y casi siempre es la Suite de gestión.
Con todas las letras: Campa&Go no se conecta con las apps de reparto. No recibe sus pedidos. No hay integración, no hay agregador, no hay una pantalla donde te caigan juntos los pedidos de todas las plataformas.
Ni ahora ni prometido para dentro de dos meses. Si buscas un software que unifique la gestión de pedidos de los canales de reparto, esto no es eso, y prefiero que cierres la página antes de pagar nada.
Los pedidos entran por donde entren: por las tablets que ya tienes colgadas, por teléfono, por tu web. Lo que hace Campa&Go es lo de detrás: el coste, el escandallo, el stock y las cuentas.
¿Y por qué merece la pena entonces? Porque el dinero no se pierde en la pantalla de pedidos. Esa parte ya funciona: entra la comanda, la haces, sale el repartidor.
Se pierde antes, en sitios más aburridos: un plato con 180 gramos de pollo en vez de 150; un precio de compra que subió en marzo y tú sigues calculando con el de enero; una merma que nadie apunta; una marca que vende el doble y deja menos; una comisión de canal que no tuviste en cuenta al poner el precio. Nada de eso lo arregla una integración de pedidos. Lo arregla un escandallo bien hecho y un stock que cuadra.
No te vamos a vender un TPV con mapa de salas. Esto es lo que encaja en una dark kitchen:
Las cuatro van dentro de la misma Suite, 25 herramientas por 9,90 € al mes, IVA incluido: también gastos e ingresos, cuadre de caja, mermas, recordatorios y cuadrante. Una sola cuota.
El caso típico de una dark kitchen y el que más lía las cuentas: tres marcas —burgers, bowls y tacos— desde el mismo fogón. La clave es que el ingrediente es uno. El pollo se compra una vez, entra una vez en la despensa y tiene un solo precio. No tiene sentido tener tres fichas de pollo: cada carta tira del mismo listado, con su gramaje.
Con eso montado, si sube el pollo lo cambias en un sitio y se recalculan los escandallos que lo llevan, sean de la carta que sean, y la lista de la compra sale sumada. Todo lo demás (cuántas marcas aguanta tu cocina, cómo repartir los gastos comunes y cuándo cerrar una marca) está en varias marcas en una cocina.
El cálculo que casi nadie hace entero. Un bol de pollo cuyo coste de materia prima, con mermas, es de 2,10 €, que vendes a 11,90 € en una de tus marcas. Lo primero: 11,90 € no es lo que ingresas. Hay que quitarle el IVA (10 %: es comida elaborada, y el tipo no sube por ser para llevar) y la comisión del canal. Uso un 30 % solo como ejemplo: lo que te cobran a ti está en tu contrato.
| Paso | Cálculo | Resultado |
|---|---|---|
| Precio que ve el cliente | — | 11,90 € |
| Comisión del canal (30 % de ejemplo) | 11,90 × 0,30 | −3,57 € |
| Lo que te llega, con IVA | 11,90 − 3,57 | 8,33 € |
| Base sin IVA (10 %) | 8,33 ÷ 1,10 | 7,57 € |
| Coste del plato | materia prima + merma | −2,10 € |
| Te queda | 7,57 − 2,10 | 5,47 € |
Y ahora lo interesante. Si calculas el food cost como en un bar, sobre el precio de carta sin IVA, sale 2,10 ÷ 10,82 = 19,4 %. Buenísimo. Sobre lo que de verdad ingresas sale 2,10 ÷ 7,57 = 27,7 %. Mismo plato, ocho puntos de diferencia. Ahí está la razón de que haya cocinas fantasma que venden muchísimo y no ganan nada: no es el IVA, es la comisión.
Con varias marcas y precios distintos, la cuenta se repite por cada combinación: el coste no cambia, cambian el precio y a veces la comisión. Por eso el escandallo va en un sitio y los precios en otro, y no mezclado en una hoja de cálculo que se rompe cada vez que subes un precio.
Dos avisos honestos. Uno: la comisión te la facturan a ti y lleva su propio tratamiento de IVA; si no lo tienes claro, pregúntale a tu gestoría. Dos: mira si el porcentaje te lo aplican sobre el precio con IVA o sobre la base, porque cambia el resultado.
El método, en cómo hacer un escandallo y en qué es el food cost; los canales, en las comisiones del reparto.
En un bar cuentas botellas y barriles. Aquí tienes producción, y la producción se come los ingredientes en cantidades que no ves hasta que abres la cámara y no hay. Lo que funciona:
Y toca ser honesta otra vez: el stock no se descuenta solo con cada pedido que entra por una app de reparto, porque Campa&Go no recibe esos pedidos. Se lleva con lo que entra, lo que se produce y lo que se merma, lo apuntes por donde lo apuntes.
Es un rato al abrir y otro al cerrar, y dejas de quedarte sin el ingrediente estrella un sábado. Más en control de stock, mermas y pedidos a proveedores.
Circula mucho que «para llevar es el 21 %» y no es así: la comida elaborada lista para consumir va al 10 % tanto si se come en mesa como si sale en una bolsa o en una moto. El 21 % se reserva a las bebidas alcohólicas y los refrescos envasados y al tabaco. Si estabas facturando tus boles al 21 %, estabas ingresando de más a Hacienda casi un euro por pedido. Confírmalo con tu gestoría antes de cambiar nada en tus facturas.
Lo que sí te cambia el número, y mucho, es la comisión del canal: de los 11,90 € del ejemplo de arriba te llegan 8,33 €. Por eso el food cost pasa del 19,4 % al 27,7 % sin tocar ni un gramo de pollo.
Conclusión: haz el escandallo sobre la base imponible y sobre lo que de verdad te ingresa el canal, nunca sobre el precio con IVA. Detalle en el IVA en hostelería y en la calculadora de IVA.
La respuesta honesta suele ser "solo si vendes directo". Si el 100 % de tus pedidos entra por apps de reparto, el TPV te sobra: el cobro viene hecho. Te lo decimos aunque el TPV sea nuestro.
Ahora, si abres un canal directo —recogida en el local, teléfono, tu propia web—, ese canal es el más rentable porque no lleva comisión. Ahí el TPV sí tiene sentido:
Son 14,90 € al mes IVA incluido, aparte de la Suite: si no lo necesitas, no lo pagas. Más en qué necesita un TPV pequeño. Ojo: no incluye datáfono; para eso, qué datáfono te hace falta.
Mucha gente da por hecho que, si los pedidos entran por plataformas, la facturación es problema de ellas. No. La obligación es de quien factura, no del canal por el que llega el pedido.
Y la parte incómoda, porque aquí no se vende humo: Campa&Go todavía no está certificado VeriFactu. Se está preparando. No te vamos a decir que ya cumple. Lo que sí hace hoy el TPV es la base: numerar los tickets sin huecos y sellar cada uno con un hash encadenado, de forma que si alguien tocara un ticket viejo, la cadena se rompería. Más en VeriFactu explicado.
Si alguna de las cuatro es imprescindible para ti, no lo contrates. Preferimos perder un alta a que te des de baja enfadada.
Sin implantación de cinco días y sin que nadie te llame: te registras sola y empiezas.
Los tres primeros pasos se hacen en una tarde.
Las 25 herramientas que necesita una dark kitchen: escandallos con food cost real y mermas, recetas escaladas, ingeniería de carta, despensa compartida, pedidos a proveedores, gastos, cuadre de caja y APPCC (el control de stock es una herramienta aparte, gratis hasta 20 productos). Hecha en Palma por una hostelera para su cocina.
9,90 €/mes IVA incluido · 7 días gratis sin tarjeta · sin permanencia Empezar la prueba gratis →Al acabar los 7 días, si no activas nada, la cuenta se pausa sola. No se cobra sin que lo confirmes.